Julián Marías Aguilera fue un filósofo, y ensayista español. Paso
por Universidad de California, Harvard, otras. Tuvo distinciones como Medalla
de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el
Sabio (1978), otros; Miembro de la Real Academia Española, etc. Entiende que la
«introducción a la Filosofía» tiene como misión «el descubrimiento y la
constitución, en nuestra circunstancia concreta, del ámbito de filosofar
(concreto también) exigido por esta». Se expresa como un verdadero filósofo,
que verdaderamente lo fue, con altas distinciones en su trayectoria filosófica.
En su esquema, la filosofía aparece como un hacer humano y un ingrediente de
nuestra vida. Filosofía es un saber a qué atenerse respecto a la situación
real. Sólo de este modo podrá ser la filosofía un hacer radical: «la filosofía
tiene la exigencia de justificarse a sí misma, de no apoyarse en ninguna otra
certidumbre, sino, por el contrario, dar razón a la realidad misma, por debajo
de sus interpretaciones y, por tanto, también de las presuntas certidumbres que
encuentro». La filosofía es un saber radical, es decir un saber autentico,
propio y personal y a la vez sistemático y circunstancial, derivado de la
radicalidad, sistematicidad y circunstancialidad de la vida humana. Entre las
contribuciones filosóficas de Marías destacan: La estructura empírica de la
vida humana. Entre la teoría analítica de la vida humana y la narración
concreta biográfica de ella hay un campo intermedio compuesto por los elementos
que no constituyen requisitos a priori de la vida, pero que pertenecen de hecho
a las vidas concretas. Toma su “laisser faire ou déjà vu”, íntimamente
identificado con su mundo y sus circunstancias al decir de José Ortega &
Gasset, (fue su discípulo preferido y amigo que fundaron el Instituto de
Humanidades (1948) en Madrid); enlazo con sus vivencias de su existir (lleno de
ideas sabias que abarcan una vertiente del saber universal a través de sus
obras como: Antropología Metafísica 1970, Historia de la Filosofia, The
Christian Perspective, otros. Concateno, me inclino a pensar en un “Ahora,
ahora” “ahora”, extrae su sapiencia de la vida diaria, de relación, aportando
un saber trascendental único, conocedor de lo empírico. Su idea de la
metafísica, partiendo de ésta como ciencia de la realidad radical, Marías
sostiene que el hombre no es la realidad radical, sino «una realidad radicada
que descubro en mi vida, como las demás». La realidad radical es más bien la
vida, que debe entenderse como un área en la cual se constituyen las realidades
como tales. De ahí que su teoría de la vida humana no sea una preparación para
la meta física, sino la metafísica. «El tema de la mujer es
absolutamente importante para mí. Consideraciones sobre
la mujer en el siglo XX, en la primavera de 1890 parte de la
idea central que ya había establecido en Antropología metafísica: la vida humana se realiza
en dos formas inseparables, complementarias, pero irreductibles –varón y mujer–
llamadas al amor y la unidad. Por eso le preocupaba vivamente «la homogeneización y los “itis” e
“ismos” (feminismo o machismo)» que promovían un clima de
desprecio, de un sexo hacia el otro. Su unión con Dolores Franco -compañera
de estudios en la universidad, colaboradora y esposa- era calificada por Marías
como «la vida una» y fue central para él tanto en el plano biográfico como en
el intelectual. La muerte de su esposa a los 65 años, víctima del cáncer. «Sólo me sostenía la profunda fe en la
resurrección», contaba Marías, «la
convicción de que la persona que era Lolita no podía haberse destruido por un
proceso corporal, de que volvería a verla y a estar con ella»; en su
obra La felicidad humana, el filósofo afirmó el
carácter perdurable del amor más allá de muerte: “En la medida en
que se ama, se necesita seguir viviendo o volver a vivir después de la muerte,
para seguir amando”. la única mujer de su
vida. La mujer tenía que elegir muy bien lo
que hacía -por eso era intrínsecamente elegante… La mujer tiene que ser
elegante y distinguida, no por moda, sino por razones estructurales que afectan
a su condición». Para Marías la
reducción de la condición sexuada a lo sexual externo, pero
interiormente nivelado, es otro de los peligros de nuestro tiempo. «La relación sexuada», dice Marías, «la sexual cuando es personal (entre un
hombre y una mujer concretos, no entre machos y hembras) es el descubrimiento
de otro mundo, de otra manera de realidad a la cual uno se asoma con asombro y
deslumbramiento. Marías señalaba cualidades como la personificación
de la delicadeza y de lo etéreo
o la primacía de la interioridad y
de la intimidad. estaba la
importancia del pudor y también la
condición “hospitalaria”, cálida y acogedora en sí, de la feminidad. y
acogedor es la capacidad singular para la creación
de la casa, del espacio privado donde se desarrolla la vida personal, de
un valor principal para Marías. Importa su tranquilidad, prudencia, afectos, sentimientos,
a estos rasgos añadía el filósofo otros ya señalados como la elegancia, la distinción y el
sosiego, que no se referían al aspecto y la vestimenta sino al
comportamiento integral, a las actitudes, elecciones, aficiones y a la manera
de hacer las cosas, para poder hacerse plenamente mujer la persona femenina
tenía necesidad de holgura y reposo para
sedimentarse y madurar. «Es difícil e
improbable que la mujer se haga en la improvisación y la premura. La mujer
profunda siempre se ha hecho con una fuerte dosis de soledad. ahora bien,
cuando es impuesta o permanente es, sin duda, atroz. Pero sin cierta dosis de
soledad no se puede hacer nada interesante, ni siquiera estar con los demás: la
compañía real entre personas no se logra más que cuando se prepara en largas
soledades. Hace falta soledad, espera, ejercicio de la imaginación, proyección,
anticipación de un futuro que se espera imaginándolo. Hay que preguntarse en
qué medida esto es posible o frecuente ahora». Esa aceptación de la
soledad y de la entrada en uno mismo para madurar, esperar la compañía
verdadera y prepararse para ella era, según Marías, condición necesaria para
una vida profunda, importantísima en la maduración de la virilidad, pero
esencial en la de la feminidad. Sin embargo, observaba que las mujeres estaban
ahora siempre volcadas hacia la exterioridad, fuera de casa, moviéndose,
viajando, entregadas a hacer vida social, a “divertirse” y a trabajar para
ganar un dinero con el que satisfacer la avidez siempre creciente de cosas y de
seguridad material. Marías opinaba que era por ese materialismo y ese apego al
dinero imperantes por lo que los hombres actuales no desaprobaban que sus
mujeres pasaran todo el día fuera de casa trabajando en cualquier cosa, aunque
eso supusiera daño a la vida personal, desatención al ámbito doméstico y a la
vida privada y superficialización de la vida en común de ambos (reportaba
dinero: eso era lo único que parecía importar). Para Marías el hombre de hoy se
caracterizaba por un egoísmo malsano y una «avidez
inquietante» de dinero y seguridad material. «Me gustaría saber en qué proporción se
estiman y se buscan hoy trabajos interesantes pero que no conlleven seguridad
material. Me gustaría saber en qué proporción se acepta vivir austeramente con
lo que se tiene, sin hacer toda clase de cosas dañinas para la vida personal
con tal de tener más dinero, más seguridad material. Para Marías la
avidez material, la falta de calma, de silencio, de cierto grado de quietud, de
recogimiento interior, dañaban seriamente la virilidad del varón, pero a la
mujer la destruían por completo, porque le impedían instalarse de modo profundo
en su condición femenina. Y el filósofo consideraba que ese era uno de los
grandes males que aquejaban a la mujer de nuestro tiempo. Para Marías
era importante su condición
esencialmente credencial, creíble, respetable, no ideológico, y su poco interés por lo meramente
abstracto y analítico. Eso explicaría el mayor interés de las mujeres
por los saberes humanísticos y artísticos en detrimento de los científicos o
técnicos, algo que el feminismo ideológico insiste en explicar como efecto de
la presión social, es obvio su falta de crédito al argumento vertido sobre
causas sociales. En cuanto a las creencias, se acentúa en la mujer. «Esto da enorme solidez al mundo
femenino y explica la sorprendente energía y robustez vital de la mujer. Su
cuerpo podrá ser más débil que el del hombre, pero su persona es resistente y
fuerte. Por eso el mundo femenino es de extraña estabilidad y firmeza. Es
principalmente la mujer la que transmite
el sistema de creencias de una sociedad, es la transmisora de la
verdadera sustancia de un modo de vida». Suerte y Felicidad. Nos estamos
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Dr. José Héctor Contreras
M.P.
N° 382
Dr. Ciencia de la Salud. Investigador
Senior
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agosto de 2019.Todos los Derechos Reservados.
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