El crudo invierno te estremecía duramente sobre las carnes adormecidas por las
injusticias de los poderosos. El aire frío ingresaba por uno de los agujeros de
tus harapos descosidos, desteñidos y rotos. En las calles, tenías como vereda
de cama, un cartón largo agujereado, la soledad de compañera y una brisa
helada, mientras veías pasar tu destino incierto llenos de dudas y sin saber los
porqués de esta vida dura y cruel. Se vino la noche sin luces ni manta alguna,
y solo te acompañaba la honradez, sinceridad, la verdad, bonhomía, con las
doñas angustia y tristeza y algún otro menester. Se estiraban las horas y no
pasaban, toda una eternidad y el frío también llegaba a tu familia que se les
colaba por los agujeros de sus ropas y les quedaba impregnada de silencios y
preguntas, y la noche era cada vez más larga y fría, las narices de los niños
dejaban caer una indignación que no se notaba, el hambre se acostumbró a vivir
con ellos. Las plagas les entraron por el callejón de enfrente, las desgracias
por debajo del puente, su pensamiento allá a lo lejos y no se veía una luz de
esperanza. Aprendí que “no existen vacunas contra el hambre”, también aprendí que,
“con los deseos, la lastima, las buenas intenciones no le sirven de alimentos a
los párvulos”, flacos como hojas de otoño, que viven solos en la oscuridad de
las tinieblas, marginados al servicio de la nada. Decía “Juan El Bueno” “todos
somos solidariamente responsables por ese niño subalimentado”. Sé que muchos
pequeños y sus padres, viven en una pieza de plástico con techos de jarilla,
que algunos duermen dentro de cajones de manzanas, y que tienen como mesa,
algunas sillas atadas con alambres y sobre ellas toman la sopa de fideos
blancos, o que comen una papa hervida que su vecino compartió, niños descalzos,
algunos durmiendo en una sola cama porque no hay más, una vela era su amiga de
amor e ilusiones. Alguien dijo “que es más fácil recoger piedras en la luna,
que dar de comer a los de las villas miseria y marginados.” Aprendí que “el
hambre no entiende de proyectos políticos”. Que muchos niños hoy son hombres
sin futuro y pocas posibilidades de existir en el mañana. Parecen ser “huérfanos
de una sociedad que los olvida”. El mundo de los adultos les prohibió de la educación.
“La virtud suprema es la pasión por el conocimiento. Confucio”. “Respetemos al
niño, porque el niño sea como fuere es una obra de Dios. Dr. Boss. Las formas
de vida se aprenden en la niñez, con su familia en la formulación de “vidas
saludables” y el progreso de los mismos a través de la educación. “Escuchemos y
ayudemos a los gigantes del Amor”. Suerte y Felicidad. Nos estamos comunicando.
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; Dr. José Héctor Contreras, Dr. Ciencia de la Salud, Investigador Senior.
Copyright © sábado,25 de mayo de 2019. Todos los Derechos Reservados.
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